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Cuida de la persona con párkinson

Actualmente no se dispone de ningún tratamiento que modifique o frene la evolución de la enfermedad de Parkinson. El tratamiento es sintomático, es decir, va dirigido a mejorar los síntomas que interfieran en la calidad de vida de las personas con párkinson y/o limiten el desarrollo de las actividades.

No todas las personas necesitan empezar el tratamiento en el mismo momento. En algunas fases iniciales, cuando los síntomas son leves o no molestos, puede atrasarse el inicio de la medicación y hacer seguimiento, o incluso recomendar tratamientos no farmacológicos.

Además de la medicación, mantener hábitos saludables es fundamental: realizar ejercicio físico de forma regular, seguir una alimentación equilibrada, mantenerse activo socialmente y, cuando sea necesario, contar con el apoyo de otros profesionales sanitarios.

Tu neurólogo/a te podrá ir indicando a lo largo del transcurso de la enfermedad, si lo requieres y/o si te lo recomienda y te derivará cuando exista la posibilidad.

Medicación

El objetivo de la medicación es "reponer" la dopamina que está disminuida debido a la pérdida progresiva de las neuronas que la producen. En otras palabras, la medicación actúa compensando la falta de dopamina, responsable de los síntomas y optimizando su efecto en el cerebro.

Existen distintos tratamientos farmacológicos, el/la neurólogo/a seleccionará el más adecuado según las características y necesidades de cada persona.

Además, existen otros tratamientos que no actúan directamente sobre la dopamina, pero que pueden ayudar a controlar los síntomas no motores o mejorar la tolerabilidad. Entre ellos se incluyen tratamientos para problemas de sueño e insomnio, alteraciones del estado de ánimo, deterioro cognitivo, alucinaciones, hipotensión ortostática y efectos adversos relacionados con los tratamientos dopaminérgicos.

Tratamientos según estadio

Mujer mayor sentada en un sillón de casa mientras su pareja se inclina para hablar con ella

Tratamiento en estadio leve

Corresponde a las fases iniciales de la enfermedad, cuando los síntomas son leves y la persona mantiene un alto grado de autonomía en sus actividades diarias. En esta etapa, la respuesta al tratamiento suele ser muy buena y, en muchos casos, permite controlar los síntomas.

El/la neurólogo/a seleccionará el tratamiento más adecuado según las características y necesidades de cada persona. Existen diferentes formas de administración del tratamiento, que el especialista seleccionará en función de las necesidades de cada paciente.

A medida que la enfermedad evoluciona, puede ser necesario ajustar las dosis o aumentar el número de tomas diarias. Por ello, es importante seguir correctamente las indicaciones médicas y mantener una buena adherencia al tratamiento (puede ser útil usar herramientas como alarmas o pastilleros).

Manos entrelazadas de una mujer mayor sobre su falda de cuadros

Tratamiento en estadio moderado

Corresponde a una fase en la que los síntomas pueden hacerse más evidentes y empezar a afectar algunas actividades de la vida diaria. En este momento suele ser necesario ajustar el tratamiento para mantener un buen control de los síntomas.

En esta etapa puede ser necesario ajustar el tratamiento para mantener un adecuado control de los síntomas a lo largo del día.

Además, pueden aparecer las fluctuaciones. Estas son momentos en los que el efecto de la medicación disminuye antes de la siguiente toma. En estos casos, el equipo médico valorará las alternativas terapéuticas más adecuadas para mejorar el control de los síntomas.

Hombre mayor caminando abrazado a una niña por un sendero arbolado

Tratamiento en estadio avanzado

Corresponde a las fases más avanzadas de la enfermedad, cuando pueden aparecer complicaciones que requieren tratamientos más complejos y un seguimiento más estrecho.

Además de los ajustes habituales de medicación, existen otras terapias más avanzadas que pueden ayudar a mejorar el control de los síntomas cuando estos ya no responden adecuadamente a los tratamientos previos.